SITUACION 3

Posted On 2 septiembre, 2014 By In Sex Zown, SLIDER And 1003 Visitas

Situación #3

Fue mi primera “cacería”. De mis amistades, se escuchaba fácil. Entras al lugar, escoges la presa indicada, le seduces y salen juntos. Sin ataduras. Sin nombres. Nada, sólo por gusto.

Quedamos en un café a media tarde. Llegué y la reconocí en el acto por la foto que me pasaron. “Una amiga del trabajo” Bromeó él saliendo del bar. “Te va a agradar”. Y sí. Morena de ojos almendrados, boca gruesa y labios exquisitos. Un lunar muy sexy en su barbilla. De cabello teñido y al hombre. Por el póster del cine que se encontraba atrás de ella, le calculé que no mediría más que mi metro con sesenta.

No pretendía nada en realidad, pero su mirada al reconocerme dijo otra cosa. Fue como si escuchase a lo lejos “juega”. Me acerqué, nos saludamos, me sonrió y noté que llevaba un piercing en el frenillo. Toda una novedad para mí. Charlamos, reímos, caricias casuales por el brazo, por su piel, sus manos apenas y me rozó la mano, pero fue suficiente como para escuchar una y otra vez aquella voz, “juega”.

El amarillo del cielo pasó a ser un anaranjado que se reflejaba lujuria en sus labios, su cuello descubierto y su escote dejando entre ver aquellos dos manjares dorados, brillando ante el atardecer. Debió ser demasiado obvio, pues al volver a mirarla, podía notarse que pensaba lo mismo que yo, “juega”.

“¿Pedimos la cuenta?” Preguntó ella sonriendo. “Seguro”, respondí con la mayor indiferencia, incluso me sorprendí de la tranquilidad que mostré, estaba hecha un hervidero. Ella bajó la mirada. Llegó la cuenta, pagué y nos dispusimos a irnos. Ofrecí a llevarla a su casa o a cualquier otro sitio si tenía planes. Para entonces, la charla me había enfriado.

“Estoy a dos cuadras” Dijo, así que le acompañé. Dos cuadras, un portero y unos condominios con ascensor. Apenas se cerraron las puertas y ella habló muy bajo.

-“Creí que…”

-“¿Sería una cita?”  -respondí-  “¿Buscabas algo más?”  -dije mirándola fija y antipáticamente

Y sin más palabras, el juego comenzó. Me acerqué a ella y vi que era levemente más bajita que yo, aunque ambas llevábamos tacones. Noté cómo se le subía el color al rostro, cómo su respiración se aceleraba mientras miraba hacia abajo. Le acaricié su brazo, llegué a su cuello y ella cerró los ojos con un suspiro. Pasé dos dedos por sus labios y le hice dar un paso hacia atrás, sin más, el ascensor se abrió.

Le cedí el paso y al salir le tomé por la cintura. Se puso más roja aún. Temblorosa abrió la puerta, el departamento estaba completamente oscuro, entró ella y encendió la luz. Entré yo y volví a apagarla mientras cerraba la puerta tras de mí. La tomé de la mano y la jalé hacia mí, tomándola por el cuello la besé, comenzaba a bajar hacia su pecho cuando me percaté que comenzaba a temblar.

“Me detendré ahora si eso quieres.” Me tomó el rostro entre sus manos y me besó. Abrí su blusa blanca mientras tocaba con suavidad su feminidad, la acerqué por la cintura y la tumbé en el sofá. Entre sus besos fue ella quién se perdió, pues no se dio cuenta cuando le quité el short color salmón.

Al sentirme en tanta cercanía a su entrepierna abrió los ojos, puso sus manos en la mía. Volví a acariciarla por el cuello, volvió a cerrar los ojos, dejándose llevar por el placer su cabello se abría en un abanico color avellana sobre los almohadones del sofá. No lo soporté, verla así me desarmó.

La besé, su boca, su cuello, sus pechos, su vientre, su clítoris, sus piernas… Toda ella la besé, la adoré, la conocí. Tomé de ella lo que quise y ella, se perdía una y otra vez cuando de alguna forma, entraba en ella con mis dedos, mi lengua la desbordaba. Lo notaba cuando se arqueaba de placer y lo ahogaba cuando abrazaba un almohadón.

Subí besándola, sintiendo cada escalofrío que ella tenía, ver su reacción fue la más pura droga de aquella noche. “Preferiría…” Comenzaba a decirle al oído, “Preferiría que no lo callaras.” Sonreí cuando ella se escondía detrás del almohadón.

-“Es… la primera vez en mucho tiempo que estoy con una mujer”  -dijo amortiguado por aquella cosa peluda entre las dos.

-Entonces… -dije quitándole el almohadón- … Vete haciendo la idea de que, si vas a ahogar tu placer, que sea con un beso. Quiero escucharte… Déjame escucharte…

Y la escuché por un rato más.

Y la sigo escuchando, aún hoy.

Kiki Zown