Jaime

Posted On 2 diciembre, 2013 By In Cronica Urbana, ESPECIALES And 677 Visitas

Retratando una ciudad… Muchas palabras que decir.

Creatividad, comunicación y un poco de sinceridad, combinación que tal vez no sea tan fácil ubicar en cualquier espacio o persona de hoy en día, pero que éste reportero pudo encontrar en una de las calles del centro histórico de San Luis Potosí; crisol de ideas, emociones y expresiones, siempre con una nueva historia que contar.

La historia de esta ocasión, es la de Jaime, hombre de pocas palabras, pero enorme talento y mucho qué enseñar. Lo encuentro sentado justo a lado de Catedral, frente a una librería, cerca de un puesto de frituras. Unos jeans descocidos, una camiseta roja, sandalias, cabello y barba largos, es el retrato hablado de un auténtico artista urbano.

Al verlo en ese lugar, para muchos pasa desapercibido, inclusive para mí; es hasta que lo veo trabajando, que comienza a llamar mi atención y es entonces cuando entiendo que la nueva historia que he buscado, está frente a mis ojos.

Se encuentra retratando a una señorita, pero no lo hace con falsas pretensiones, ni con soberbia. Lo veo dibujando, disfrutando de su chamba, sonriendo al tiempo que con un lápiz y unos colores realiza los trazos, mientras platica con su modelo como si fueran viejos amigos.

Me siento al lado de ellos, como quien simplemente descansa de su trayecto para escuchar el sonido amalgamado de pasos apresurados, niños jugando, comerciantes y palomas comiendo por la Plaza de Armas.

Pero sin que ellos lo noten, observo el cuadro místico y urbano que crean un artista y su nueva musa, misma que no hace más que sonreír al tiempo que admira la forma en que éste hombre al que recién conoció -con el solo trazo de algunas líneas- logra captar su más bella esencia y plasmarla en un papel.

Son dos personajes singulares, juntos han construido un microuniverso que es parte de la cotidianidad que los rodea, pero al mismo tiempo, permanecen ajenos a las prisas, las tensiones y las poses de las decenas de potosinos que  no reparan en el espectáculo que tiene al lado y sólo continúan con su acelerado paso.

Luego de unos minutos, tengo el atrevimiento de interrumpir dicho espectáculo-

-¿Podría entrevistarte cuando termines?-

-Híjole, la verdad no ando de humor para entrevistas-

-Sólo unas cuantas palabras sobre tu trabajo.

Acepta, aunque no de muy buena gana, no es alguien a quien le gusten este tipo de charlas, pero sí ama disfrutar la vida, ama su trabajo, y aunque no con muchas palabras, ama comunicar lo que lleva dentro. La charla es breve pero muy enriquecedora y sorpresiva.

-¿Hace cuánto que te dedicas a esto?-

-No lo sé. Lo he hecho desde siempre-

Dice que no le gusta llevar cuentas de nada; ni de años, ni de dinero, pues eso sólo hace que te ates a ciertas cosas, y él dice que ama ser libre. Según me cuenta, ni siquiera recuerda cómo empezó a dibujar, simplemente es algo con lo que nació y que ama hacer.

-¿Por qué lo haces?-

Porque me gusta, es lo que me hace sentir bien, y me permite conocer a las personas.

-¿Qué has conocido en las personas?-

Todo. Cada persona es como un monstruo con dos caras, una bella y otra horrible. Yo trato de captar lo mejor y lo peor de cada persona, pero siempre es algo que me permite conocerlos mejor…  y ellos a mí.

Él es Jaime, quien no me ofrece ningún apellido o título, simplemente Jaime. Quien al finalizar la charla se va rápidamente, pues dice que debe llegar a su taller a preparar una exposición  que tendrá la próxima semana.

Accede a que le tome una foto e incluso intercambiamos números telefónicos. Me voy con una idea muy clara de cómo contar esta historia, y con un nuevo argumento para refutar a aquellos que suelen decir que San Luis Potosí es una ciudad sin historias en sus calles.

Pues hasta en los más sencillos trazos del más humilde dibujante, esa tarde de abril, pude conocer algo nuevo de estas calles, y también, echar un vistazo a mi interior; ver esas dos caras, y recordar que aún existen razones  para proseguir con el trazo de mi propio camino.

 

Luis Josué Martínez