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Posted On 23 enero, 2014 By In ESPECIALES, Reportajes And 710 Visitas

¿Qué es la pena Capital?… Castigo sin retorno

El miércoles 22 de enero de 2014 el peso de la ley constitucional texana alcanzó a la vida de Edgar Tamayo, mexicano de 46 años, radicado en Estados Unidos desde los 18 y que, en 1994 fue acusado y encontrado culpable del homicidio de un policía texano de nombre Guy P. Gaddis.

Instancias nacionales como la cancillería mexicana e internacionales como Human Rights Watch, expresaron desde hace tiempo su inconformidad ante la medida de la pena capital, sobre todo, argumentando inconsistencias en el proceso legal que tuvo como consecuencia el veredicto de muerte para Tamayo.

Este suceso, vuelve a colocar sobre la opinión pública mexicana el tema de la pena de muerte, castigo que no contempla ninguna legislación mexicana pero que, muchos compatriotas han debido sufrir al infringir alguna ley en suelo estadounidense. Edgar Tamayo es el noveno mexicano castigado bajo este método.

En un país como México donde este tipo de medidas no existen para con ninguna clase de delito, es natural que las percepciones ciudadanas se sinteticen en el reclamo, el descontento, o simplemente, la extrañeza.

Por lo que, ante lo ocurrido con Tamayo y lo que seguirá ocurriendo (la próxima ejecución para un mexicano en Estados Unidos ocurrirá en el mes de abril de 2014), no es poco prudente que busquemos profundizar en este tema para entender algo que, para los norteamericanos es parte de su historia, pero que, para muchos mexicanos es un ritual extraño y ofensivo.

La muerte de criminales y disidentes políticos ha sido empleada por algunas sociedades en diversos momentos de la historia, ya sea para castigar el crimen o para suprimir la disidencia política.

Tiene su origen en las sociedades tribales donde, a través de actos de venganza de las tribus o familias ante las ofensas recibidas por el clan, se ejecutaba algún castigo mortal. Posteriormente en las culturas sumerias, el código sumerio Ur-Nammu, en el 2,100 a.C, previó la pena de muerte para el homicidio y el adulterio; el de Hammurabi, 1700 a.C., aproximadamtne, lo amplió para otros delitos, y generalizó la Ley del talión para las penas corporales, limitando el castigo a los culpables, y excluyendo a sus familias.

En el Torá o la ley del pueblo judío, se preveían 35 delitos capitales, en la mitad de ellos se prescribe cierta forma de ejecución.

  1. Adulterio con casada (estrangulación u hoguera, si la casada era hija de sacerdote); tener relaciones sexuales con una doncella prometida, lapidación.
  2. Zoofilia u homosexualidad masculina, castigadas con lapidación.
  3. Incesto: con la madre, con la esposa del padre o con la nuera, lapidación; con la hija, con la hija de la hija, con la hija del hijo, con la hija de la esposa, con la hija de la hija de la esposa, con la hija del hijo de la esposa, con la suegra, con la madre de la suegra, con la madre del suegro, hoguera.
  4. Profanación de los sábados, se sufría de lapidación (Números 15:31-35).
  5. Blasfemia, castigada con lapidación. (Levítico 24:10-16).
  6. Idolatría, por sacrificio del hijo a Moloc, idolatría en general, invitar a los demás o a la comunidad a la idolatría (lapidación); por conversión de comunidad a la idolatría (decapitación); por falsa profecía o profetizar en nombre de otros dioses, la pena era de estrangulación..
  7. Para magos, pitonisos, necromantes o brujos, lapidación.
  8. Maldecir y desobedecer a los padres, lapidación; herir a los padres, estrangulación.
  9. Secuestro para vender al secuestrado, estrangulación.
  10. Asesinato, decapitación.

Son también conocidos los métodos capitales del imperio romano como la Crucifixión así como los mecanismos de tortura y muerte de la Europa Medieval, casi siempre aplicados a delincuentes cuya falta era relacionada a una disparidad con la ideología religiosa de le época (herejes, en una sola palabra).

En el mundo contemporáneo, son muchos los países que han optado por incluir un sistema de pena capital en sus constituciones, pero sin duda, uno de los más conocidos por su trascendencia internacional es Estados Unidos.

Según Amnistía Internacional, desde 1977 hasta 2011, más de 1.400 personas han perdido la vida a manos del estado en Estados Unidos. Al menos cien de estas personas padecían enfermedades o problemas mentales graves, ya sea antes de los delitos por los que fueron condenadas a muerte o en el momento de su ejecución.

De una silla incómoda a una inyección que te aniquila

Desde 1890, y hasta la década de los 70 del siglo XX, la principal herramienta de ejecución en Estados Unidos fue la silla eléctrica, bajo esta medida, el prisionero condenado era atado a la silla, con un electrodo en la cabeza y otro en la pierna.

Se aplicaban al menos dos choques eléctricos durante varios minutos. El voltaje inicial era de aproximadamente 2 kv y se empleaba para romper la resistencia inicial de la piel y pretendía causar inconsciencia. El voltaje se bajaba para elevar la intensidad de corriente que fluía y para evitar que el prisionero se quemase. Se usaba un flujo de corriente de 8 A. El cuerpo del condenado alcanzaba temperaturas de 59 ºC y el flujo de la corriente eléctrica causaba daños graves a los órganos internos.

Sin embargo, con los años se transformó en una práctica objeto de críticas, sobre todo por lo poco efectiva que resultaba para que la persona muriera instantáneamente, lo que provocaba que la agonía se extendiera. En 1982 Texas dejó de aplicarla para usar la inyección letal, y desde entonces, gradualmente, la mayoría de los estados han prescindido de su uso.

Por su parte, la inyección letal es aquel método de ejecución que se basa en inyectar por vía intravenosa y de manera continua una cantidad letal de un barbitúrico de acción rápida en combinación con un producto químico paralizante.

El procedimiento es muy parecido al que se utiliza en los hospitales para administrar una anestesia general, pero la diferencia es que, la cantidad de químicos que se suministra es letal.

En el caso de Texas, que es uno de los diecinueve estados de la Unión Americana donde se aplica la pena capital por inyección letal, se utilizan tres sustancias conjuntamente: Tiopental sódico, bromuro de pancuronio y cloruro de potasio.

El tiopental sódico es un barbitúrico de acción muy rápida que hace perder el conocimiento al preso, la segunda es un bloqueador de placa mioneural no despolarizante, que paraliza el diafragma, impidiendo así la respiración, y el cloruro de potasio despolariza el músculo cardíaco provocando un paro cardíaco.

Hoy en día, existe un debate en la Unión Americana, específicamente en los estados donde está establecido este sistema de inyección de las tres sustancias como sistema de ejecución, si realmente produce una muerte indolora o existe sufrimiento por parte del condenado.

El 15 de septiembre de 2009 el reo estadounidense Romell Broom sobrevivió a su ejecución mediante inyección letal en la Prisión Sur, Southern Correctional Facility, de Lucasville, Ohio.

El gobernador del estado, Ted Strickland, tomó la decisión de suspender la ejecución y posponerla una semana después de que el condenado hubiera recibido dieciocho pinchazos en diversas partes del cuerpo.

El mexicano Edgar Tamayo no sobrevivió, apenas diecisiete minutos después de que se le aplicara la mezcla de sustancias mortales, sucumbió ante la condena.

Dicen quienes estuvieron presentes que, contrario a lo que suele ocurrir, el hombre nacido hace 46 años en el estado de Morelos, no emitió jadeo ni queja alguna. Se recostó, cerró los ojos, y esperó pacientemente a que el barbitúrico pusiera punto final a su historia, la cual, a través de la búsqueda de la verdad, en este y en cualquier otro caso similar, debe seguir escribiéndose.

Luis Josué Martínez