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Posted On 24 octubre, 2014 By In Por la libre, SLIDER And 732 Visitas

Por la libre… Una vez más: ¡México duele!

No es un lugar común, tampoco es un recurso de literatura barata o de periodismo simplón; es una realidad presente en el estómago de todo ser humano que se precie de haber nacido y/o vivido en este país: ¡México duele!

Les dolió a los mexicanos que, en 1962, presenciaron una brutal matanza en Iguala, Guerrero; lo mismo con los que atestiguaron la masacre de Atoyac, en 1967.

Ni se diga el dolor de estudiantes, académicos y padres de familia que vieron como un derecho tan natural como el de protestar –al menos así se debería entender en las democracias- fue el pretexto de un gobierno con cara de solidario pero alma de represor para matar brutalmente a un grupo de estudiantes que, pacíficamente, se manifestaban en una plaza pública.

Dolió también cuando en 1995, una nueva masacre azotaba el poblado de Aguas Blancas, o cuando paramilitares mataron a un grupo de inocentes indígenas en Acteal, en 1997.

Dolió cuando en 2009, 45 niños fueron encerrados irresponsablemente en una Guardería que ardía en llamas; y dolió cuando en 2011, unos delincuentes mataron a 53 personas en un casino de Monterrey.

Y faltarían casos para recordar que en México hay dolor; y que México, lamentablemente, inexorablemente, duele.

Se está cumpliendo un mes de la desaparición de cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa; lanzados por sus autoridades como carne de cañón para un grupo delincuencial; y hasta el momento, nadie sabe su paradero; mientras que los gobiernos –local y federal- sólo han exhibido que han extraviado el control.

La sociedad, eso sí, se ha movido, marchas por todos lados, movilizaciones, manifestaciones, muchos tweets, innumerables posts; mantas, reclamos, presión.

Al menos algo se consiguió: Ángel Aguirre se fue; pero la información no ha llegado, y México sigue adolorido por sus hijos perdidos y su tierra secuestrada.

Pero no caigamos en la conclusión desilusionada; aún el final no está escrito, pero Denise Dresser lo dijo en su visita a tierras potosinas esta semana: “México pertenece a unos cuantos pero los ciudadanos pueden recuperarlo”.