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Posted On 22 septiembre, 2014 By In Por la libre, SLIDER And 768 Visitas

Por la Libre… Sin rumbo y sin método

1637 fue un año de singular trascendencia en la línea histórica de las ciencias. Aunque aquellos que pudieron presenciar la primera publicación de “El Discurso del Método” de René Descartes no lo sabían, se encontraban frente a una obra que, literalmente, no era un libro más, sino una revolución en la historia del pensamiento.

No se trataba de cualquier librito ni obra barata de la literatura  -tan fácil de comprar como de desechar-. Era un bofetada para los dogmas educativos de la época y presentaba, de manera intrépida, una nueva propuesta sobre las formas científicas y sociales para adquirir el conocimiento.

En 1637, con unas  cuántas páginas y muchas palabras bien articuladas pero que sobre todo, eran cobijadas por una de las mentes más brillantes de la historia, Descartes propuso un nuevo camino no sólo para investigar, sino para pensar, y para hacer las cosas.

En pocas palabras, Descartes desmenuzó y perfeccionó todo ése proceso que, la mayoría de los seres humanos damos por hecho: Razonar.Y lo hizo para que todas las cosas que el hombre hiciera, las pudiera realizar con más orden, con mayor precisión y ¡valga la redundancia!, con mayor razón.

El razonamiento científico, en teoría, debe aplicarse no sólo a las ciencias exactas, sino a la cultura, la administración pública, y claro, a la política.

El razonamiento para ejercer las acciones es sencillo: Si hay método, hay rumbo.

Y existen abundantes ejemplos cotidianos para explicar lo anterior; mismos que pueden rayar en lo obvio: Si sé como manejar un automóvil, cómo funciona, y cómo usarlo, podré llegar a mi destino.

Sí sé cómo usar mi computada, como prenderla y el correcto manejo de los softwares, lograré terminar mi trabajo.

Si sé como funcionan los elementos de un estado, conozco mi contexto, conozco mis fortalezas y debilidades, así como las riquezas del lugar que gobernaré, entonces seré un buen gobernante.

En este último punto, la clase política mexicana, parece no tener la más mínima idea de quien fue don Descartes, mucho menos, podrá entender lo que es tener método, y eso explicaría el constante reclamo de los ciudadanos, quienes ven a sus gobernantes como gente sin razonamiento.

Ejemplos sobran…

En el año 2006 el PRI a nivel nacional perdió el sentido, relegado a un tercer lugar en la contienda electoral por la presidencia, no encontró el método para ser una oposición competitiva ante la entonces avasallante estructura gubernamental panista y la creciente figura de Andrés Manuel López Obrador. El PRI perdió el rumbo

En el año 2009, el PAN en San Luis Potosí no supo cómo capitalizar sus seis años de gestión al frente del estado; no encontró el método para permanecer en la primer silla potosina; dejó que un doctor simpaticón le comiera el mandado y ¡adiós permanencia en el poder! El PAN potosino perdió rumbo.

Y ahora parece que el actual PRI potosino anda navegando por las mismas aguas que el PAN transitó hace cinco años… Tal vez, peor, pues el Revolucionario Institucional no tiene mucho material qué capitalizar.

Se dice que el cuartel tricolor nacional ve en la entidad potosina un foco rojo: Un lugar donde el PRI no hizo mucho en cinco años, un estado que fácilmente podría perderse en 2015. El PRI potosino, otra vez sin rumbo.

Lo inverosímil del caso, es que su histórica oposición, el PAN, no parece tener ganas de recuperar la gubernatura. Pues lejos de aprovechar el declive del gobierno torancista, han protagonizado un circo de declaraciones que sólo los exponen –a nivel nacional y local- como un partido dividido.

La versión local del blanquiazul ni siquiera logra definir su método para definir candidatos (hablando de método). Que si encuesta, que sin consulta, que si designación directa. Finalmente, el líder del PAN en San Luis Potosí, Héctor Mendizábal dijo algo así como: Que si haya encuesta, que se defina a los mejor posicionados, pero que también se registren precandidatos que no aparezcan en las encuestas.

Ante esto, diría el clásico: “¡O sea! ¿Cómo?”

Sin método no hay rumbo.

Y si los partidos que aspiran a gobernarnos, no pueden definir los métodos más sencillos.

Mucho menos se puede esperar que sepan encontrar el complejo método que supone gobernar.