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Posted On 8 septiembre, 2014 By In Por la libre, SLIDER And 698 Visitas

Por la Libre… De tormentas y más desastres

Dolly, Norbert, nombres propios para ciclones comunes, sobre todo en estas épocas del año cuando las nubes deciden poner punto final a su proceso de engorda y liberarse de tensión, dejando caer sobre nosotros el peso de su nuevo estado: La Lluvia

Sin embargo, cabe recordar que hasta en las precipitaciones hay clases:

Empezamos con el famoso chipi-chipi, esa lluviecita incipiente, que casi no se siente; esa que como que pellizca y  no provoca tragedias, pero que si logra fastidiar un poco, sobre todo, si nuestros planes se hicieron previendo al clima despejado como único escenario.

Luego viene la lluvia moderada –así le dicen los chicos y chicas de las secciones de clima en las noticias-, esa cuyo fastidio ya desata iras, enojos y algunos accidentes –sobre todo para conductores imprudentes y/o peatones distraídos- En ciudades de primer mundo no causa mayor estrago, en urbes como San Luis Potosí, basta con que den el primer asomo para que todos desempolven sus medidas de alerta, prevención y contingencia.

Y después viene la tormenta, aquella que precede al huracán; el punto de partida de los grandes desastres naturales, el artífice de las inundaciones devastadores, las comunidades destruidas y las familias desprotegidas.

Aquellos hogares desolados a causa de los fugaces ríos, que en sus nacientes olas arrastran las posesionas más preciadas, en muchos casos, de no gran valor monetario, de poca substancia, pero de enorme precio en términos de supervivencia.

Dolly y Norbert están en esta categoría. Tormentas, después huracanes, al final tragedias.

La historia de cada año no varió mucho durante este dos mil catorce: Mucha agua, ciudades y comunidades inundadas, accidentes viales y la esperanza de que, cuando pase la tormenta, en verdad llegue la calma.

Pero las lluvias y sus consecuencias, es algo a lo que, de una forma u otra, el ciudadano se acostumbra.

A lo que es difícil adaptarse es a las precipitaciones voraces de la clase política; de las formas en que se sigue administrando el poder, y por tanto, se cometen abusos en la vida pública.

En este escenario, también hay algunas clases:

El “chipi-chipi grillero”: Aquellas declaraciones incipientes, que suavemente tiran tierra pero que no pasan más allá del pleito verdulero entre algunos que se dicen políticos; que a la sociedad la fastidian pero que ya no hacen tanto daño – A estas sí estamos acostumbrados-

Después viene la “Lluvia político-electorera moderada”; esa que es más fuerte porque ya implica desvaríos y efectos de más peso, y por tanto, saturan más nuestros medios y fastidian nuestros sentidos: Los video-escándalos, las llamadas filtradas, los pleitos legislativos que duran semanas.

Y a las que jamás nos acostumbramos, son “Las tormentas político sociales”, es decir, las consecuencias ciudadanas de esas lluvias de tierra, lodo e insensatez que nuestra clase gobernante provoca todos los días.

Las tormentas son el hambre y la pobreza, factores cuya milagrosa solución el presidente ahora pretende erradicar con algo llamado “Prospera”.

Las tormentas son una economía que no crece, en contraste con el siempre –ee inevitable- desarrollo ascendente de los precios.

Las tormentas son un grupo de legisladores que parecen hacer leyes para ellos y sus partidos; pocas veces para el pueblo; diputados y senadores que no lo piensan mucho para fortalecer un monopolio; pero son los mismos para quienes tomar la decisión de elevar el salario mínimo parece ser igual a resolver el más complejo de los teoremas matemáticos.

Aunque el primer mandatario, en su segundo informe, haya dado una lista enorme y casi inescrutable de cifras rimbombantes; el mexicano sigue sintiendo sobre sus hombros, no una, sino muchas tormentas.

Sin embargo, Dolly se fue y Norbert lo hará en poco tiempo.

Ojalá que pronto, los mexicanos encuentren la verdadera estrategia de contingencia que le permita caminar encima de las nubes y no tenerlas siempre sobre nuestras cabezas.