PLL-679x380-1

Posted On 16 octubre, 2014 By In Por la libre, SLIDER And 632 Visitas

Por la libre… Cuando el reloj marca el final

El adecuado manejo de los tiempos suele ser algo complicado para el mexicano promedio. La puntualidad no es nuestra mejor carta de presentación y tal como sucede con los recursos materiales y naturales; la buena administración del tiempo no es algo de lo que podamos jactarnos.

Obras públicas cuyo tiempo de ejecución proyectado en un inicio dista kilométricamente del que vemos en la práctica…. Lamentablemente, casi nunca para bien.

Ejemplo nacional: Las obras de mejora en la Avenida Presidente Masarik de la ciudad de México, originalmente planificadas para terminar en un año y medio, pero que con ocho meses de ejecución anticipan una demora de por lo menos dos años en su entrega final. Tiempos que no se respetan, tiempos que comen a los servidores públicos, y colateralmente, devoran a los ciudadanos.

Ejemplo local: Nuestra potosina avenida Muñoz, que según el proyecto original debe estar concluida en dos meses más, pero que de acuerdo al caos real que cientos de potosinos deben atravesar todos los días, aún se puede prolongar por mucho tiempo más. Malos tiempos, y más que eso, malos administradores del tiempo.

El tiempo es oro… O el tiempo es muerte… Depende de la regla con que  se mida; y sobre todo, de quien sea el administrador de lo tiempos.

El tiempo se puede robar; se puede tomar prestado; se puede perder o se puede ganar; tal vez se pueda comprar un poco, pero definitivamente, jamás se le puede escapar.

Y en política, el tiempo es igual a cálculo, presión y desgaste.

Aprovechar los días, los meses y los años, es algo que todo servidor público debería aprender; y parece que sí lo hacen; pero lo aprovechan para sí mismos, pocas veces en pro de quienes invertimos buena parte de nuestro tiempo en ir a votar por ellos.

De esa forma, vemos sexenios y trienios gastados en zalamería, grandes notas de boletín, algunas declaraciones vaquetonas, y por ahí, algunos logros, a cuenta gotas, eso sí, presentados y promocionados cual si se tratada de la noticia del siglo.

Conforme un periodo de gobierno se acerca a su final, el tiempo cobra la factura pendiente por las deudas que le acumulan los gobernantes.

Vemos entonces, presidentes solitarios.

Alcaldes expuestos.

Y gobernadores desorientados.

Para Fernando Toranzo el reloj ya comenzó a marcar la inevitable llegada del final. Parece que fue ayer cuando el tic-tac, le decía ¡Bienvenido a casa de gobierno! Y los potosinos anhelaban que este fuera el tiempo de una nueva oportunidad.

Pero casi seis años han pasado… y cuando los plazos se cumplen, los verdugos del tiempo no perdonan.

El doc está comenzando a perder el control de un gobierno en el que, tal vez, nunca gobernó: Un coordinador de comunicación social que protagoniza escándalos de lavadero en los que el protagonista de la otra esquina es nada menos que un hermano del mandatario.

Funcionarios erráticos, en acciones y declaraciones.

Un gobierno que no encuentra argumentos para justificar atributos que debería tener: Pertinencia, autoridad, legitimidad, eficacia.

Un gobierno que está muriendo por el paso de los minutos; o que tal vez ya murió hace tiempo, justo cuando perdió la brújula que le permitiera aprovechar los instantes: Que los años no fueran tan cortos; y que los días no fueran tan eternos.