NOVIA

Posted On 15 noviembre, 2014 By In Sex Zown, SLIDER And 752 Visitas

“Novia”

No podía darme cuenta en lo que me había convertido. Siempre estuve detrás de él. En silencio, siempre lo perseguía. Así como un cachorro a su nuevo amo, así yo lo seguí por dos escuelas, la profesional y ahora, como compañeros de tesis.

Era su perro faldero y él lo sabía. Aunque no de modo consciente. Compartíamos muchos gustos, lo que hacía que tuviéramos el suficiente contacto como para que las personas nos ubicaran juntos. Forjamos una amistad que disfrazaba perfecto mis sentimientos hacia él de la misma forma que, me frenaba a ir siquiera de mirarlo de más.

-… Por ello que… Necesitaré que presenten un informe detallado y conciso sobre su proyecto señores.

-No puedo creer que te la pasaras pendejeando toda la sesión. ¿Qué demonios te pasa? –decía mientras volvía a la realidad, una donde teníamos que entregar un avance– Sabes que pronto nos citarán a examinar y aún falta recopilar información.

-¡Oye! Te conseguí todo. Que no te guste leer y quieras que lo edite en vez que te enteres lo que te he llevado es diferente.  –últimamente me ponía de malas, estábamos bajo tanto estrés que cada que abría la boca terminábamos discutiendo como un viejo y amargado matrimonio.

-Si te vas de fiesta hoy, al menos ten la decencia de mandarme algo… ¡Más te vale cabrón!

Levanté mi mano y me despedí como siempre cuando me molestaba. Ciertamente tenía planes para la noche, así como todas las noches desde hacía dos semanas. Era sólo que, estar más de dos horas a solas con él, comenzaba a ser insoportable. Necesitaba de una salida, una ventana, ¡aire! Y ahí entraba ese pequeño par de piernas.

A pesar de que Sara y yo éramos amigos desde hacía casi el mismo tiempo que con su hermano, ella era más accesible, ruda, agresiva, directa, caprichosa y sedienta de atención, igual que su hermano. La diferencia es que él decidió convertirse en una piedra en el zapato y en una “novia” que había conseguido hacerme sentir acosado por el trabajo de tesis.

-Lo siento, prometí salir con unas amigas al cine. Será para la otra. Deberías invitar a mi hermano. –dijo al otro lado del celular y entre risas-.

-Eres y seguirás siendo una vil víbora. –con eso, soltó la carcajada y colgó. Ella sabía de antemano que yo nunca invitaría a su hermano a sabiendas de lo que… siento. Aunque, la verdad, no era necesario invitarlo.

Pasaba de las doce y la temperatura descendía cada vez más, mis padres habían decidido tomar unas merecidas vacaciones justificadas por licencia médica. No era el único bajo estrés, pero ellos podían desaparecer de la ciudad por al menos un fin de semana, yo aunque quisiera, la “novia” me localizaría donde fuera, especialmente porque compartíamos edificio, él vivía en el séptimo piso,  justo en el departamento arriba del mío.

La noche era despejada, la luna iluminaba con todo su poder y yo, no dejaba de fantasear pervertidamente en el balconcillo de mi recámara. A pesar de tener el departamento para mí, no podía concentrarme en nada. Dieron las dos de la mañana, y él, como había estado pasando desde hacía unos días, llegaba puntual.

Se escucharon sus pasos apresurados, pero esta ocasión fue distinta. Siempre pasaba de largo, pero el día anterior parecía titubear en pasar de largo, era como si se detuviera y emprendiera de nuevo la marcha. Él también tenía planes y, aunque me molestara, ¿quién era yo para hacerle algún tipo de reclamo?

Sorpresivamente, esa noche la puerta sonó muy bajito. Me acerqué desde mi lado, esperando que se encaminara de nuevo hacia su piso. Nada. De nuevo, ahora un golpe firme y abrí. Y ahí estaba él, sudado y sorprendido de que abriera.

-¿Qué haces? –titubeo.

-Abriéndote la puerta. ¿Tú qué haces? ¿Acaso vienes a recoger algún adelanto? Porque no tengo porque seguirte en tu histérico ritmo.

No dijo nada. Y lo observé mejor. Vestía de modo deportivo, estaba sudado y se le veía molesto, no, se le veía enojado.

-¿Saliste a correr a estas horas? –pregunté molesto– ¿Qué estás loco?

-¿Está Sara?  -preguntó.

-No.

-¿Seguro?

-¿Quieres pasar y buscarla?  -dije mientras abría completamente la puerta y hacía una reverencia exagerada. Para sorpresa mía, él entró con paso seguro.

Era la primera vez desde que habíamos comenzado la universidad que ponía pie en mi hogar. No había luces encendidas, yo me mortificaba a la luz de la luna y él me tomó desprevenido. De hecho, ni siquiera me había cambiado.

-¿Qué sucedió?  -pregunté, no me había dado cuenta, en realidad estaba buscándola.

-Dijo que te había pasado algo, yo había salido a correr… ella dijo que no alcanzaba a llegar… Así que…

<< Esa maldita víbora… >> Pensé. ¿Qué pretendía conseguir?

-Que tierno. Supongo que te preocupa que me hubiera pasado algo que impidiera llegar a la fecha de entrega, no?  -mi mató con la mirada, no podía evitarlo, ese hombre simplemente conseguía sacarme de mis casillas.

-¿Desde cuándo salen?

-¿Qué pregunta es esa?

-¡¿Desde cuándo?!

-No estamos saliendo como novios, si eso quieres saber. La quiero mucho pero no pasa nada entre nosotros.  –dije pensando en que se trataba de una escena de hermanos. No pensaba decirle que de vez en cuando nos acostábamos… O más bien, que la arrinconaba respondiendo a su maliciosa mirada lujuriosa.

No decía nada. La escena comenzaba a ser incómoda, era como ser interrogado por tu esposa sobre una infidelidad.

-¿Qué demonios te ocurre? ¿Vienes por una llamada y me reclamas otra cosa?

-¿A ti que te pasa? Me has estado evitando desde hace tiempo, ¿tan mal compañero soy? Quiero decir… -se apresuró a decir-  … Como compañero de trabajo.

-No.

-¿Te hice algo acaso?

-No!  -no comprendía a donde quería llegar-

Caminó hacia mí con las manos cerradas en puño. Di dos pasos hacia atrás y me alcanzó la camisa. Siendo de mi estatura, podía sentir su aliento en mi cara, podía oler su sudor. Comenzaba a acelerarme al pensar que había corrido desde quién sabe dónde hasta mí, por una llamada que hizo la víbora de su hermana.

Se aferró a mi camisa, su mirada seguía al suelo. Me soltó y justo cuando pasó a mi lado, mientras cruzaba de nuevo la puerta pero ahora para irse, lo comprendí.

Le tomé de la muñeca y lo jalé hacia mi. No es que sea gay, simplemente, me enamoré. No me gustan los hombres, me gusta él. Terco, fastidioso, bromista, perfeccionista hasta el punto de volverme loco por escribir el mismo pinche párrafo mil veces hasta que se “escuchara coherente”, así, así es como me gusta.

No me animaba a levantarle el rostro, era raro incluso para mí que había fantaseado con una escena similar. No podía tratarlo como a una chica…

Sólo lo abracé mientras él hacía lo mismo. Pude sentir cómo esos puños aferrados a mi camisa por la espalda, se abrían con lentitud y se cerraban sus brazos alrededor mío. Podía sentir cómo su corazón latía tan rápido como el mío, podía sentir el calor de su cuerpo pegado al mío, podía sentirlo reaccionar de la misma forma que yo…

Deshice mi abrazo. Instintivamente bajé mis manos a su cadera y él hacía lo mismo. Levantaba su rostro hacía mí por él mismo. Comenzaba a sentir de nuevo su aliento sobre mi rostro, así que no lo pensé, comenzaba a acercarme a él cuando, una luz nos deslumbró.

-¡Demonios! Creí que había eliminado el flash.

-¡Sara!  -dijimos los dos al tiempo que nos separábamos.

Sin importar las formas en que la matábamos con la mirada, ella seguía caminando de largo, comenzaba a subir las escaleras cuando volteó y nos dijo:

-Deberían al menos cuidar que la puerta esté cerrada.  –dicho esto, nos enseñó su lengua y subió apresuradamente, dejándonos escuchar esa risita tan particular de ella tras haber hecho una travesura.

Una pausa se dio paso entre nosotros. El silencio comenzó a ser incómodo cuando él comenzó a caminar hacia las escaleras para hablarme.

-Tenemos revisión en una semana, así que no quiero que tontees por ahí…

-Por “ahí” te refieres a que te arrincone?  -se giró lanzándome una mirada fulminante-

-Me refiero a que pendejees perdiendo el tiempo en pensar idioteces en el balcón como princesa aprisionada, en vez de corregir lo que te dije.

-¡Qué carajos..?! ¿Desde cuándo…?

-Más te vale llevar tu trasero a la clase de mañana a primera hora y tener un adelanto corregido.

Sin más, me dejó ahí parado, literalmente plantado en la puerta de mi departamento pensando mil cosas. Entre ellas, que la primera clase sería dentro de seis horas y no había corregido nada.

-Definitivamente, es una novia exigente. Pensé.

El celular sonaba, un mensaje había llegado. El número me era familiar así como la fotografía que le acompañaba. “Un recuerdo” decía el pie de una fotografía adjuntada al mensaje.

Kiki Zown