Recolectoras

Posted On 8 enero, 2014 By In Cronica Urbana, ESPECIALES And 671 Visitas

Más que desechos… Recolectando Ilusiones

María de Jesús es una mujer pequeña, no más de un metro cuarenta de estatura, tez morena, delgada, pero con una sonrisa contagiosa y un ánimo que desborda en su paso por las calles.

Sin embargo, pocos se percatan de esto, pues suele caminar cabizbaja, una gorra roja cubre la mitad de su rostro, y quienes la ven transitar nuestras avenidas omiten observar a la mujer que hay detrás de un noble, sencillo pero importantísimo oficio.

Es recolectora de basura del municipio, como muchos otros de sus colegas, recorre las calles del centro histórico paseando su enorme carro verde, también lleva una escoba y porta un chaleco amarillo.

Sus aventuras en la descomunal tarea de mantener aseado a San Luis Potosí comenzaron hace once años; necesitaba trabajo, vio en la calle a unas personas recolectando basura con uniforme y preguntó en el Ayuntamiento sobre la posibilidad de una vacante. Llevó su solicitud y a los ocho días fue contratada.

No es una tarea fácil, María de Jesús, como muchos otros recolectores, se percata de las cantidades de basura que genera esta ciudad; ríos de desecho, que para el resto de los ciudadanos pasan inadvertidos, pero que para esta mujer, son parte de su materia prima.

No obstante, es una persona alegre, contenta y agradecida por la oportunidad de tener un trabajo, el cual, le ha permitido alcanzar ciertos sueños. “Mi trabajo me gusta mucho, más que nada, porque como no estudié, no tenía como mantener a mi familia. Y de aquí he podido pagarle los estudios a mis hijas; las dos son maestras”.

Estos once años limpiando las calles de San Luis le han hecho ganar experiencias de todo tipo, una de las más difíciles fue cuando estuvo a punto de sufrir un accidente. “Una vez me iba a atropellar un coche, me dio mucho miedo”.

Sin embargo, asegura que han sido muchas más las vivencias gratas, “Pero en general han sido más cosas bonitas que feas”. Inclusive relata que hubo una semana donde no tenía para su gasto y en medio de su desesperación, trabajando, encontró una cartera con setecientos pesos.

Muchas veces, los “importantes” funcionarios en materia ecológica, salen ante los medios para hablar sobre los avances que nuestra ciudad tiene en este rubro. Casi siempre, ofreciendo respuestas demagógicas como “Estamos avanzando”, “San Luis está en proceso de mejora” o “Incursionaremos en un nuevo esquema”; es decir, palabras que dicen poco y significan nada.

Pero esta sencilla mujer, que todos los días ve cómo los potosinos ensuciamos nuestras calles, tal vez tenga más autoridad que cualquier político para hablar sobre el desarrollo ambiental de nuestra urbe.  Señala que hay recolectores que prefieren no hacer bien las cosas. “Hay de todo; a unos nos gusta limpiar la ciudad, pero otros no hacen bien su trabajo”.

También lamenta la poca cultura de limpieza que tenemos los potosinos. “Todavía somos muy sucios, tiramos basura sin pensar”. “Al principio me daba coraje, pero pues ya se hizo costumbre”.

Con un poco de tristeza, me cuenta que hay personas que actúan con dolo o descaro. “A veces hay gente que me ve y adrede tiran el papel en el piso para que yo lo recoja. Me paso de largo y cuando ya veo que se fueron lo recojo. Si da coraje, porque pueden meterlo en un bote o en mi carrito; lo hacen como para molestar”.

A pesar de este tipo de situaciones, y aunque María de Jesús considera que es difícil que los potosinos entendamos la importancia de no ensuciar la ciudad, ella sigue amando su trabajo, “nunca vamos a entender, yo por mi parte, me mantengo, hago mi trabajo, ya ellos que sigan tirando”.

Casi para finalizar la plática le pregunto si tiene alguna idea o propuesta para concientizar a los potosinos sobre la importancia de no tirar basura en las calles, “la verdad no, nunca vamos a prender”, me dice con cierta frustración.

Pero de inmediato se acerca Bonifacia, otra recolectora, amiga de María y con entusiasmo me dice que ella sí tiene fe y también una idea para que San Luis no se ensucie más, “¡Deberían de multar!, persona que veas tirando basura, le cobras su buena multa… y con eso!”

Finalmente, nos despedimos, es tiempo de que estas mujeres continúen aseando nuestra ciudad, y para mí, es tiempo de pensar cómo contar su historia; buscar la forma de hacerles justicia en un papel impreso.

Como muchas otras, ésta es una historia de personas anónimas, sin estudio y cuya palabra no cuenta mucho en las grandes decisiones que a diario toman nuestros “servidores” públicos. Pero que, con una escoba, un carrito recolector y una sonrisa, sirven mucho más a un pueblo, que pocas veces advierte su existencia.

Luis Josué Martínez