JC_OROZCO

Posted On 11 julio, 2014 By In Reportajes, SLIDER And 1006 Visitas

José Clemente Orozco… El otro muralista

Relegado la mayoría de las veces a la sombra de Diego Rivera, el jalisciense José Clemente Orozco es el otro gran muralista mexicano junto a Rivera y a David Alfaro Siqueiros, si bien por su carácter más sobrio y serio, en comparación con la forma de ser avasallante de Rivera no ha sido igualmente mencionado en la historia del arte en México y en la historia universal, pero no por la calidad de sus obras que en muchos casos son consideradas de mucho más valía y esplendor que la de cualquier otro muralista de su tiempo.

José Clemente Orozco nació en Ciudad Guzmán, Jalisco en 1883, fue el alumno más avanzado del hidrocálido José Guadalupe Posada, maestro de la litografía y grabado, si bien Orozco a temprana edad se inclinó por estudiar Agricultura, siempre apasionado por el dibujo y las artes plásticas, encontró su camino hasta convertirse en uno de los artistas mexicanos más reconocidos de su época.

Se trasladó desde joven a la Ciudad de México a realizar sus estudios en Matemáticas y Dibujo Arquitectónico, pero su pasión por la pintura y en especial por el muralismo lo atraparon, no pasó mucho tiempo para que se le diera su primera oportunidad para montar una exposición, fue tal su éxito y acelerada fama que un año después ya se había trasladado a los Estados Unidos donde comenzó a trabajar en sus primeros frescos y murales de gran importancia.

Regresó a México y junto a Rivera y Siqueiros formaron el sindicato nacional de pintores y escultores, de esta forma buscaban presionar al gobierno federal para apoyar los subsidios a los artistas plásticos, en especial a los muralistas.

Después de una breve estancia en México, volvió a los Estados Unidos, donde ya con la fama a cuestas fue requerido para realizar impresionantes murales en las ciudades más importantes de la unión americana como Nueva York, pero quizá su obra más destacada la plasmó en los muros de la Universidad de Pomona College, en Claremont, California con su obra “Prometeo” que es el inicio de lo que se consolidaría como “el Hombre en llamas” del hospicio Cabañas de Guadalajara.

No volvió a México sino hasta 1934, cuando realizó sus obras más emblemáticas cuando decoró los muros y bóvedas tanto del Palacio de Gobierno de Jalisco como del Hospicio Cabañas, en el edificio de la administración de la entidad centró su trabajo en el tema histórico de la independencia de México y de la liberación del pueblo mexicano, la opresión de los pueblos indígenas y la temática del campo mexicano.

En cambio en el hospicio Cabañas, se trató de una obra mucho más conceptual y abstracta, pero sin lugar a dudas impresionante, por el uso de los colores, la perspectiva la profundidad y la temática épica y monumental de las imágenes plasmadas, en donde sin duda “El Hombre en llamas” es la cúspide de su carrera como muralista.

Se trata de una imagen que fue pintada sobre la cúpula principal del hospicio, por tanto para observarla se tiene que mirar directamente y en 90 grados hacia arriba, donde se aprecia en perspectiva a un hombre de fuego que está de pie en el aire, rodeado de otras figuras antropomórficas que aluden al pasado indígena de México, pero también a la cicatriz permanente que sigue siendo el choque intercultural entre los europeos y los nativos americanos.

En 1941 Orozco abandona el muralismo y se dedica al cien por ciento a la pintura de caballete, ya en las postrimerías de su vida en 1946 le fue concedido el Premio Nacional de Bellas Artes, realizó algunos murales más, después de esta etapa, pero ya sin el carácter y lo audaz de sus obras anteriores, murió en la Ciudad de México el 7 de Septiembre de 1949, a los 65 años de edad, dejando un legado artístico, cultural e histórico que fue capaz de coadyuvar a forjar la identidad mexicana de la segunda mitad del siglo XX en el país.

Samuel Estrada