QUEBRADERO

Posted On 29 octubre, 2014 By In El Quebradero, SLIDER And 646 Visitas

El Quebradero… Del verbo chillar según el gobernador

Chillar, Vociferar, Aullar, Quejarse, Dolerse, da lo mismo, pero el gobernador Fernando Toranzo dijo que no es que chille, pero el estado tiene una deuda pública por los próximos veinte años, lo cual, ilustró con desbordante sabiduría y lucidez: “no se va a quitar de la noche a la mañana”.

Lo cierto es que en la actual administración que ya abordó el vagón que lo lleva a la última parada del sexenio, hay demasiadas cosas por las que el doctor sí podría ponerse a chillar y de ser posible, a llorar, como se dice, a moco tendido.

Por cierto, es de extrañarse que el mandatario utilice eso del “no es que chille”, si bien mirado lo que él encabeza es un gobierno que de plano está para llorar.

De hecho, el doctor es algo así como la piedra fundacional del gobierno chillón y plañidero, pues que es su principal exponente. Desde el primer día de su administración y hasta éstos días su frase favorita es “no hay recursos” y por encima “hacemos lo que podemos con los escasos recursos con que contamos”, “no es suficiente el recurso y sigue habiendo muchas necesidades”.

La cantaleta ha sido la misma, en momentos en tono del todo quejumbroso, en momentos con cierto sentido de protesta, pero nunca ha dejado que en de su narrativa se borre el verbo chillar.

Para chillar e incluso berrear de coraje, está su compromiso de inicio de gobierno de no endeudar más al estado. Lleva tres créditos y dejará la mayor deuda que hayan tenido los potosinos con cerca de cinco mil millones de pesos. Eso sí que está para llorar.

Quizá el doctor si debiera chillar hasta alcanzar el púrpura de coraje por el pleito de vecindad entre su hermano Martín y su vocero,  Roberto. Ahí sí podría disculparse y decir, no es que chille, pero ya ven como son, ni yo los puedo controlar.

Puede ser que si haya chillado aunque sea en el mayor de los secretos, luego de que le han ventaneado los apoyos que con recursos públicos habría recibido uno de sus hijos para fundar una empresa de invernaderos en el altiplano. Chillar en ese caso tiene su razón de ser, mire que meterse con la familia.

Y luego, nada se gana con chillar hasta alcanzar el berrido a cielo abierto, si resulta que todos dicen que el vicegobernador es el que manda, el que quita, pone y dispone. Aquí si es necesario chillar porque eso del vicegobernador nomás que no es cierto, pero todos se lo creen, como si el gobernador estuviera pintado y se dijera de él lo que se quisiera. Eso sí que está para chillar.

Si de chillar se trata, ahí se tiene a la caballada del PRI para gobernador, tan flaca que casi no se ve y, lo peor, que anden promoviéndose sin pedir la venia del señor gobernador, lo cual está para bramar.

Para chillar, que el jefe del partido, César Camacho le diga: señor gobernador, usted no se meta en los asuntos del partido, con su buen gobierno basta y sobra. Eso sé que debió doler hasta la medula y luego entonces, porque no habría de ponerse a chillar.

Pero así como para chillar, lo que se dice chillar, es que con 34 mil millones de pesos de presupuesto el gobernador insista en que no hay recursos, que no hay dinero y frunza el ceño como para decir es que somos muy pobres.

Y para chillar sin rubor alguno, los mil 885 ejecutados que van en un sexenio para el que el gobernador de había propuesta como meta regresar la paz y tranquilidad perdidas. Por cierto, no se han recuperado sin perdidas por doquier.

Puede que sí o puede que no, igual se puede chillar con el intento frustrado de hacer justicia con la multa de siete mil millones de pesos e inhabilitación por veinte años a Marcelo de los Santos, quien por cierto, goza de cabal salud política y haciendo alianzas con potenciales candidatos del PAN a cargos de elección popular. Aquí se puede chillar sin contemplaciones, se hizo lo que se pudo.

Total, el gobierno pronto llegará a su fin, faltan once meses, tiempo suficiente para seguir con la tentación de siempre, la de no perder oportunidad para quejarse en vez de  ponerse a trabajar.

Juan Antonio González