Cuarto Oscuro B&W

Posted On 5 diciembre, 2013 By In ENTRETENIMIENTO, Sex Zown And 1438 Visitas

Cuarto oscuro

Las bocas ingenuas del lugar lo ponían como lo más cercano al Olimpo, era la combinación de los demonios de Dante dentro de las escenas del Marqués en todo su esplendor. Era lo único que importaba, sin importar a qué costo, era un héroe quien consiguiera entrar. Lo curioso es que si conocías a alguien que hubiera realizado la proeza, no hablaba del asunto.

Era la hora del crepúsculo y como siempre, yo me encontraba sentada frente a un enorme vaso de un frappé moka en un cafecito escondido, prácticamente invisible al tránsito populacho de la avenida más transitada de la ciudad mientras me dejaba devorar por Lovercraft y sus ‘montañas de la locura’. Un sujeto de insistente mirada no hacía más que voltear hacia mi compitiendo por mi atención ante mi libro, el muy descarado creyó que estaba a la altura y aunque éramos los únicos clientes, no consiguió una señal directa de mi a su existencia. Pero si consiguió despertar mi curiosidad cuando la mesera me entregó un singular separalibros de un cartoncillo negro y letras rosas.

“VIP” decía en letras grandes y debajo rezaba en una mini letra una dirección con el mismo color rosa. Mis ojos se abrieron como platos al ver la tan codiciada dirección. Al final, ese viernes en la noche Lovecraft fue cambiado por “La rosa” y su estruendoso interior. Con invitación en mano, mínimo cinco personas entramos, fuimos conducidos primero a lo que parecía ser un guardarropa, pero éste tenía casilleros y era obligatorio dejar ahí, según el número de mesa, los celulares y carteras puesto que el ‘estilo’ en servicio lo requería, después fuimos conducidos por unas escaleras, llegamos invadiendo un conjunto de silloncitos amorfos, un sinfín de cortinas y retazos colgaban alrededor dando una atmósfera erótica a la vista y sólo dos mesas cuadradas con patas tan cortas que daban la impresión de estar al ras del suelo, sobresalían por su reflejo de las luces del techo.

Así como llegamos el servicio no tardó en desfilar con botellas, tarros y hielos. La música invadía y retumbaba haciendo bailar las telas. El mismo ritmo sin más variación que algunos agudos más o menos según el DJ de turno. Todo comenzaba a fastidiarme cuando un mesero llegó y discretamente me tendió una llave con un cordel rosa amarrado, murmuró algo sobre un tercer piso y un ascensor. Se retiró y yo con él.

Pasé de los almohadones a un pasillo, un baño y tras una puerta con llave de tarjeta otro pasillo alfombrado en las paredes y el techo alumbrado por una tenue luz al final de éste. Y justo a un paso a la derecha, el acero de las puertas de un ascensor abrían.

No pasaron más de diez segundos cuando la puerta abrió para dejar paso a una puerta color rosa y en medio de esta, una cerradura color negro. Con llave en mano y la opción de cerrar de nuevo las puertas del ascensor mi curiosidad, o más bien mi morbosidad, ganó.

Justo cuando abrí la puerta la luz del ascensor dio forma a unas siluetas de almohadones, sillones y un piso alfombrado. Se escuchaba de fondo la misma música que sonaba en el resto del lugar, lo que supuse era algún lugar de abajo pues el suelo retumbaba más que las paredes. En el fondo del oscuro recinto se escuchaban unos suspiros ahogados y de entre las sombras una mano con un grueso anillo en forma de calavera tomó mi blusa cerrándose en un puño y lanzándome al interior, la puerta se cerró antes de caer al peludo suelo y dejarme completamente en la oscuridad.

-Lo siento…  -dijo una voz varonil-  Pero la luz molesta  -sentí como deslizaba su mano por mi brazo hasta alcanzar mi mano y ayudarme a levantar-  Será mejor que te quites los zapatos, o tendrás y causarás muchos accidentes por aquí.  -en silencio me quité las bailarinas y las lancé hacia donde supuse estaba la puerta.

-¿Y si quiero irme?  -pregunté.

-Que alivio, puedes hablar… -dijo aquella voz mientras me arrastraba en la oscuridad hacia quien sabe dónde, pero nos alejábamos de los suspiros ahogados, lo que internamente agradecía.-  Creí que eras muda o que estabas en shock. La primera vez que entré, una chica cayó en la histeria, pero como no podemos ver a quienes están aquí, algo de privacidad y anonimato, tuvimos que cubrirnos el rostro cuando…

-Entonces, ya haz estado en el cuarto oscuro antes.   -interrumpí con firmeza.

-Sí, esta es la tercera vez que me invitan, lo que me permite el gran privilegio de invitar a alguien.

-Entonces… No estás solo.

-¿Te gustaría?

-Ganó mi curiosidad, no busco nada ni a nadie. Por mi puedo estar en un rincón hasta que… Me dejen… Salir… -puse en pausa las palabras, pues tenía sentido. Un cuarto oscuro, anonimato, libertad total para desnudarse y darse rienda suelta por un momento sin pena ni gloria más que la propia en lo que se quiera hacer. Estaríamos ahí hasta que el tiempo que se tuviera que cubrir terminara. ¿Cuánto sería? ¿Una hora? ¿Dos? ¿El resto de la noche? Un apretón a mi mano me hizo dar una idea del grosor de aquél anillo, fue sólo un instante, pero aquélla calavera tenía en los ojos lo que parecían ser un zafiro y una esmeralda.

-Según mi experiencia, será el resto de la noche o hasta que alguien entre en pánico.  -La música cambió de golpe, acústico, chelos y violines resaltaba, un par de luces muy tenues que daban la impresión de ser dos luciérnagas rosas perdidas en el techo nos daban un punto, irónicamente, la luz en la oscuridad. Y era rosa. Aún así, la penumbra reinaba-  … Ven.  -dijo halándome hacia él, distinguí su colonia, cítrico y madera- … Se que por aquí hay donde sentarse… -por supuesto, di un mal paso, tropecé y terminé sobre él- … O así si gustas, también es cómodo.

Pude sentir cómo me enrojecía y cuando intenté pararme él jaló de mi. Noté que era de espalda no muy ancha y que si bien, o iba al gym o algo hacía para tener el abdomen ligeramente marcado. Escuché una risita detrás de un “Soy cosquilludo” Reí  y retiré mis manos para dejarlas entre los pelos de la alfombra.

Quise ponerme al lado, pero igual, volvió a evitarlo. De alguna forma consiguió besarme y entre la oscuridad y la complicidad respondí gustosa. Y las risitas ahogadas comenzaron a pasar a besos urgidos y apresurados. Sus manos sin pena se deslizaron de mis manos a mis hombros mientras sus labios marcaron al compás de la música mi perfil en la penumbra y mi silueta en la alfombra. Confiada en el peso de aquél anillo en mi cuello, sabía que sólo él estaba a mi lado, pues ya había escuchado ‘curiocidades’ de ese tipo de lugares y situaciones. Sin embargo, ahí estaba yo rodando en el suelo con un sujeto completamente desconocido para mi.

-Besas muy bien para ser una devoradora de libros.  –Sonreí y volví a besarlo. Sus manos se pusieron en mi cintura y presos del más primitivo y sublime sentir, mis piernas se abrieron para darle paso a la suya. Con sus manos me jaló hacia él, pero no estaba conforme. Rodamos dos veces más y chocamos con lo que parecía ser la pared. En un movimiento me paró y puso contra ella y levantó mi pierna izquierda para acercarse más a mi.

Era hábil, sus labios devoraban mi cuello y boca exigiendo mi lengua en su juego. No podía controlarme, me estaba entregando ahí mismo pero justo en ese momento las luces se prendieron sólo para deslumbrar a todos. Y por un leve instante pude ver frente a mi ese anillo de nuevo, en su mano, protegiéndose de la luz, impidiéndome ver más allá y enseguida, la oscuridad volvió.

-Creo que he quedado ciega…  -dije molesta.

-Señorita, le esperan en tu mesa.

El mesero que me entregó la llave fue el mismo que me retiró. En el ascensor, la luz no era agresiva, se iba intensificando para darme tiempo a acostumbrarme, me hacía sentir como si formara parte de un experimento; ya bien ambientada, me hizo firmar una orden de respeto al anonimato mío y los demás integrantes de aquella “sesión” en el cuarto oscuro. Me obligaba a no hablar nada de lo que se haya suscitado, suponiendo que nos encontráramos con cierto tipo de gente, así como a los demás sobre mi persona.

Mi grupo esperaba ya en aquél guardarropa, preguntaron y yo sólo dije “era bastante oscuro”. No hubo persuasión suficiente ni precio que me llegara, no podía arriesgarme ni arriesgarlos a ellos, después de todo, quién sabe quién habrá sido aquél sujeto, o los que estaban perdidos en su mundo en algún lugar de ahí, o si habría más que sólo estuvieran escuchando en algún rincón.

Pasaron días y yo pensaba que, aunque no hubo sexo, ni amor, ni intercambio de correos, Fb, celular ni mucho menos un café de por medio, fue una de las experiencias más eróticas que tuve. No hubo mucho que cambiara en esos días. Sin embargo, no dudé ni un momento en leer por quinta vez las obras del Marqués de Sade. No había nada que me satisfaciera. Nada en realidad. ¡NADA!

Llovía. Y yo leía acurrucada en un sillón con un café frente a mi. La música en el ambiente sonaba tranquila. Algunas parejas se escondían entre los cojines mientras otras llegaban buscando refugio del cielo.

Una mano se puso frente a mis ojos haciendo mi cabeza hacia atrás.

-Ahora entiendo porque besas tan bien.  -dijo una voz tan familiar que traía en recuerdo una penumbra-  …Es la quinta vez que te veo con un libro en las manos, fue aquí donde…

-Donde dejaste la invitación.  -dije con firmeza tras quitarme su mano, reconociendo al tacto ese anillo y viendo de frente, un ojo azul y uno verde.

 Kiki Zown